LA OBESIDAD, LA VERDADERA PANDEMIA

El día 4 de marzo fue el “Día Mundial dela Obesidad”. Empecé escribiendo un post y he terminado escribiendo uno de los artículos más largos de mi Blog ya que el tema me parece fascinante y hay que tratarlo detenidamente porque se merece una profunda reflexión. Los datos que os comparto están todos contrastados y he realizado una revisión de artículos científicos actualizados para exponeros desde el punto de vista científico dónde estamos y que significa esta pandemia de Sobrepeso y Obesidad a nivel mundial, a nivel de nuestro país y, por supuesto, en nuestro entorno familiar focalizando en el futuro de nuestros hijos.

La obesidad severa es un problema de salud que tiene consecuencias médicas, emocionales y socioeconómicas que merecen atención.

Situación mundial y española

Según la OMS la obesidad y el sobrepeso han alcanzado caracteres de epidemia a nivel mundial. Más de 1.900 millones de personas adultas tienen sobrepeso y, de ellas, 650 millones eran obesas en 2016. 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos y más de 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) tenían sobrepeso u obesidad. Si se mantienen las tendencias actuales, la previsión es llegar a los 70 millones de menores con sobrepeso u obesidad en 2025.

En España, con esta tendencia, hasta 2030 aparecerán unos 3,1 millones de casos nuevos y se alcanzarán sobrecostes en sanidad de unos 3.000 millones de euros

“Continúa aumentando la obesidad en hombres y en mujeres. En los últimos 30 años, la prevalencia de obesidad se ha multiplicado por 2,4”

Según Jaume Marrugat, jefe de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red Enfermedades Cardiovaculares en el IMIM: “Entre los años 60 a 99 del siglo pasado se promovió la idea de que las grasas animales eran perjudiciales para la salud porque aumentaban el colesterol. Y se fueron sustituyendo las grasas animales por hidratos de carbono, que producen mayor desequilibrio energético, adicción y trastornos del metabolismo del azúcar. Las bebidas azucaradas y la bollería industrial -e incluso la artesanal- son exponentes clásicos de este fenómeno. Este cambio del patrón de nutrición, en el sur de Europa, implica el abandono progresivo de nuestras costumbres de alimentación de tipo mediterráneo. Al final de este trayecto se encuentra esta pandemia de sobrepeso y obesidad”.

Analizando los datos de la última Encuesta Nacional de Salud publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), destacamos varios problemas:

  • En relación con el peso insuficiente, destaca la prevalencia de este en las mujeres de 18 a 24 años, un 12,7% de mujeres frente al 3,5% de hombres.
  • Respecto al sobrepeso, un 44,3% de hombres y un 30% de mujeres lo padecen. Las diferencias entre hombres y mujeres son mayores que en el caso de la obesidad, y es superior el porcentaje de hombres que padecen sobrepeso en todos los grupos de edad.
  • Concretamente, un 18,2% de hombres de 18 y más años y un 16,7% de mujeres padecen obesidad.
  • El estudio ALADINO -relativo a niños y niñas de entre 6 y 9 años- refleja que un 58,5% de escolares se sitúa en valores de normopeso mientras que el 0,9% sufre delgadez y el 40,6% tiene exceso de peso. De los niños y niñas con exceso de peso, el 23,3% está en niveles de sobrepeso y el 17,3% sufre obesidad.

¿QUÉ ES LA OBESIDAD?

La Organización Mundial de Salud (OMS) define la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.

La obesidad es una enfermedad crónica, de origen multifactorial, de alta prevalencia, que se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, de una disminución de la calidad de vida y de un incremento de la mortalidad.

La obesidad no es solo un problema estético. Es un problema médico que aumenta el riesgo de enfermedades y problemas de salud, tales como enfermedad cardíaca, diabetes, presión arterial alta y ciertos tipos de cáncer. Este desequilibrio es el resultado de la combinación de varios factores fisiológicos, psicológicos, metabólicos, genéticos, socioeconómicos, culturales y emocionales. Lo anterior se traduce en un incremento en el peso corporal, que es diferente para cada persona y grupo social.

Hay muchas razones por las que algunas personas tienen dificultad para evitar la obesidad. Por lo general, es el resultado de una combinación de factores hereditarios con el entorno, la dieta personal y las opciones de ejercicio. Pero hay otros factores de influencia que están en aumento en los países con ingresos bajos y medios, especialmente en las áreas urbanas.

El siguiente artículo analiza la obesidad como fenómeno económico “ Obesity, diets, and social inequalities” de Adam Drewnowski en la revista Nutrition Reviews, Volume 67, Issue suppl_1, 1 May 2009, Pages S36–S39. La obesidad y la diabetes tipo 2 siguen un gradiente socioeconómico. Las tasas más altas se observan entre los grupos con los niveles más bajos de educación e ingresos y en las zonas más desfavorecidas. El acceso desigual a alimentos saludables es un mecanismo por el cual los factores socioeconómicos influyen en la dieta y la salud de una población. A medida que disminuyen los ingresos, los alimentos ricos en energía y pobres en nutrientes se convierten en la mejor manera de proporcionar calorías diarias a un costo asequible. Por el contrario, los alimentos ricos en nutrientes y las dietas de alta calidad no solo cuestan más, sino que los consumen los grupos más ricos.

En el estudio “ Obesity pandemic: causes, consequences, and solutions—but do we have the will?” escrito por Marge A. Morris M.Ed., R.D., C.D.E. b Joseph C. Gambone D.O., M.P.H.c, de la revista Fertility and Sterility, Volume 107, Issue 4, April 2017, Pages 833-839 se examinaron los comportamientos de obesidad y salud que influyen en el equilibrio energético (dieta, ejercicio y dieta para adelgazar) en una población de 2108 y 2539 hombres y mujeres trabajadores en relación con el nivel socioeconómico (NSE). La hipótesis investigada fue que la relación inversa entre el NSE y la obesidad observada en varios estudios se debe al hecho de que la distribución de las conductas de salud relevantes para la obesidad difiere según la clase social. Se encontró que el índice de masa corporal (IMC), como se esperaba, estaba inversamente relacionado con el NSE. Los encuestados con un NSE alto informaron una dieta baja en grasas, más ejercicio y una mayor prevalencia de dietas para controlar el peso. Sin embargo, se observaron tasas más bajas de tabaquismo en hombres y mujeres con NSE alto y se informó un mayor consumo de alcohol en mujeres con NSE alto. Ambas asociaciones parecen ser inconsistentes con la hipótesis de que la asociación inversa entre el NSE y la obesidad es causada por diferencias en los comportamientos de salud.

Lo bueno es que, incluso una modesta pérdida de peso puede mejorar o prevenir muchos de los problemas de salud relacionados con la obesidad. Los cambios en la dieta, un mayor nivel de actividad física y los cambios de conducta pueden ayudarte a bajar de peso. Los medicamentos recetados y los procedimientos para bajar de peso son opciones adicionales para tratar la obesidad.

TIPOS DE OBESIDAD

La clasificación internacional de la obesidad en adultos fue introducida por la OMS y se basa en el Índice de Masa Corporal (IMC). Las personas que tienen un IMC igual o superior a 30 kg/m2 (igual para ambos sexos), tienen obesidad.

Tres factores se pueden considerar para determinar si la grasa corporal de una persona la pone en mayor riesgo de presentar enfermedades relacionadas con la obesidad:

  • El índice de masa corporal (IMC). Los médicos y otros profesionales del cuidado de la salud usan una medición que se denomina índice de masa corporal (IMC) para determinar si una persona tiene sobrepeso. El médico calcula el IMC usando el peso y la estatura de una persona, y después ubica esa cifra en una tabla. Hay diferentes tablas para niños y niñas y para adultos según edades. El IMC calcula cuánta grasa tiene la persona en el cuerpo. Como el músculo pesa más que la grasa, una persona musculosa puede tener un IMC más elevado, pero no tener mucha grasa en el cuerpo. Del mismo modo, es posible que el IMC de una persona esté en el nivel ideal o sea bajo, pero que tenga mucha grasa en el cuerpo.
  • La medida de la cintura. La medición de la circunferencia de la cintura se utiliza como indicador de referencia en Europa debido a la relación que existe entre la distribución de la grasa a nivel abdominal y las enfermedades cardiovasculares. En el caso de los hombres no debe superar los 102 centímetros y en las mujeres los 88 centímetros.
  • Otros factores de riesgo que la persona tenga (un factor de riesgo es cualquier elemento que incremente sus probabilidades de padecer una enfermedad)

La obesidad se clasifica de acuerdo con la distribución del tejido adiposo/graso en:

  • Obesidad abdominal, visceral. También denominada tipo androide con predominio de adiposidad en la mitad superior del cuerpo: cuello, hombros y abdomen. Este tipo de obesidad se asocia con un aumento del riesgo de enfermedades metabólicas (diabetes tipo 2, aterosclerosis, etc.).
  • Obesidad femoro glútea o ginoide. Con predominio de adiposidad en los glúteos, las caderas, los muslos y la mitad inferior del cuerpo.

FACTORES DE RIESGO DE LA OBESIDAD Y CAUSAS

Los países desarrollados de todo el mundo están experimentando una epidemia de sobrealimentación y obesidad con costos significativos a nivel personal, familiar y social. Si bien la mayoría de las investigaciones sobre la obesidad se han centrado en los factores metabólicos, los investigadores están profundizando en otros factores cómo los factores emocionales pueden contribuir a este problema.

La obesidad no es simplemente el resultado de comer en exceso. Los estudios epidemiológicos han detectado en la población una serie de factores asociados con la obesidad.

Las causas de la obesidad son múltiples y complejas e incluyen aspectos metabólicos, dietéticos, físicos y psicológicos. En general, se acepta que la causa de la obesidad es un desequilibrio energético entre las calorías que se consumen y las calorías que se gastan a través del ejercicio y de las actividades de la vida cotidiana, por lo que el cuerpo almacena el exceso de calorías en forma de grasa.

El entorno obesogénico es sin duda una causa de que la obesidad se ha convertido en una pandemia (alimentos densos en calorías de bajo costo, tecnologías y estructura de comunidades que reducen o reemplazan la actividad física y entretenimiento no físico de bajo costo) y un énfasis excesivo en la ingesta baja de grasas que resulta en una ingesta excesiva de carbohidratos simples y azúcar.

Edad. A medida que se envejece, los cambios hormonales y un estilo de vida menos activo contribuyen a la aparición de la obesidad.

Sexo femenino. Principalmente asociado al embarazo y la menopausia. La obesidad también se presenta en mujeres que tienen síndrome de ovario poliquístico, que es una afección endocrina que impide la correcta ovulación.

Alimentación poco saludable. En los últimos 50 años hay una tendencia universal a comer alimentos ricos en grasa, sal y azúcares. Se consumen demasiadas calorías, se abusa de las comidas rápidas y de las bebidas con alto contenido calórico. Los hábitos nutricionales han empeorado bastante.

El consumo de comida rápida, ácidos grasos trans (AGT) y fructosa, combinado con el aumento del tamaño de las porciones y la disminución de la actividad física, se ha implicado como un factor potencial que contribuye a la crisis de obesidad. El uso del índice de masa corporal (IMC) solo tiene una utilidad limitada para predecir resultados cardiovasculares adversos, pero la utilidad de esta medida puede fortalecerse cuando se combina con la circunferencia de la cintura y otras medidas antropomórfica.

Pueden existir problemas severos de adicción a la comida (AF); esta ha surgido recientemente como un nuevo campo en el estudio de la obesidad. Estudios anteriores han contribuido a identificar correlatos psicológicos de AF. Sin embargo, pocos investigadores han examinado el perfil cognitivo relacionado con esta condición; hasta ahora, se han observado sesgos de atención relacionados con las señales alimentarias y un peor seguimiento del rendimiento. En el estudio “Executive functioning and psychological symptoms in food addiction: a study among individuals with severe obesity, 2018” se examinó el perfil psicológico y el funcionamiento ejecutivo relacionado con la adicción a la comida en individuos con obesidad severa y en espera de cirugía bariátrica. Los individuos con alta adicción a la comida (AF) sufrieron más síntomas de atracones, depresión y ansiedad, y más dificultades metacognitivas. También tendían a mostrar una puntuación de inhibición / flexibilidad cognitiva más pobre y un patrón típico de errores (a más errores aumentaba la dificultad de las tareas en contraposición para mejorar). Los resultados mostraron que la incapacidad para aprender de errores o experiencias pasadas está relacionada con la gravedad de la FA y las deficiencias generales.

Sedentarismo. La automatización de las actividades laborales, de los medios modernos de transporte y de una mayor vida urbana, influye en la disminución de la práctica de ejercicio físico.

Raza. La obesidad tiene un alto grado de incidencia en los afrodescendientes y las personas de origen hispano.

Factores socioculturales. La obesidad está asociada a un menor nivel de estudios y menor nivel de ingresos para comprar alimentos saludables. La obesidad y la diabetes tipo 2 siguen un gradiente socioeconómico. Las tasas más altas se observan entre los grupos con los niveles más bajos de educación e ingresos y en las zonas más desfavorecidas. El acceso desigual a alimentos saludables es un mecanismo por el cual los factores socioeconómicos influyen en la dieta y la salud de una población. A medida que disminuyen los ingresos, los alimentos ricos en energía y pobres en nutrientes se convierten en la mejor manera de proporcionar calorías diarias a un costo asequible. Por el contrario, los alimentos ricos en nutrientes y las dietas de alta calidad tienen un mayor coste, solo accesible a aquellos con más ingresos. En la publicación “Obesity, diets, and social inequalities de Adam Drewnowski, Nutrition Reviews, Volume 67, Issue suppl_1, 1 May 2009, Pages S36–S39, se analiza la obesidad como fenómeno económico. La obesidad es la consecuencia tóxica de la inseguridad económica y un entorno económico deteriorado.

Factores conductuales. Un consumo de alimentos incorrecto, el tabaquismo y la ingesta de alcohol.

Factores genéticos. Algunos estudios genéticos han determinado que la obesidad puede ser hereditaria con genes que influencian en la cantidad de grasa corporal y en su distribución.

Ciertos medicamentos. Algunos medicamentos pueden provocar ganancia de peso sino se compensa con dieta o ejercicio. Entre estos medicamentos están algunos antidepresivos, anticonvulsivos, esteroides, antipsicóticos, medicamentos para la diabetes y betabloqueantes.

CONSECUENCIAS

La obesidad es una enfermedad crónica causada por un desequilibrio entre la energía ingerida en los alimentos y la energía gastada. El exceso de energía se almacena en las células grasas, adipocitos, que aumentan de tamaño o se multiplican.

Esta hiperplasia e hipertrofia de las células grasas es la lesión patológica de la obesidad. Las células grasas agrandadas producen los problemas clínicos asociados con la obesidad, ya sea por el peso o la masa de la grasa extra o por el aumento de la secreción de ácidos grasos libres y numerosos péptidos de las células grasas agrandadas. La consecuencia de estos dos mecanismos son otras enfermedades, como diabetes mellitus, enfermedad de la vesícula biliar, osteoartritis, enfermedad cardíaca y algunas formas de cáncer. El espectro de discapacidades médicas, sociales y psicológicas incluye una variedad de problemas médicos y de comportamiento, como se muestra en la figura:

Naturalmente, en una sociedad con mucho sobrepeso y obesidad aumentan las enfermedades metabólicas del azúcar como el síndrome metabólico, la glucemia basal alterada y la diabetes. Estas enfermedades necesitan algunas décadas de exposición al sobrepeso para manifestarse. Además, son un factor de riesgo que multiplica por dos o más el riesgo de las enfermedades cardiovasculares.

En resumen, las personas con obesidad tienen una mayor probabilidad de sufrir estos problemas de salud.

La primera categoría incluye los factores metabólicos asociados con los efectos a distancia de los productos liberados por las células grasas agrandadas.

  • Glucosa (azúcar) alta en la sangre o diabetes. Diabetes y resistencia a la insulina. La insulina es una hormona que reduce el nivel de glucosa (un tipo de azúcar) presente en la sangre. Cuando hay demasiada grasa corporal, la insulina es menos efectiva para introducir la glucosa, que es la principal fuente de energía del cuerpo, dentro de las células. El cuerpo necesita más insulina para mantener un nivel normal de azúcar en la sangre. En algunos adolescentes con sobrepeso, la resistencia a la insulina termina provocando diabetes (nivel elevado de azúcar en sangre). El estado de resistencia a la insulina probablemente refleja los efectos de una mayor liberación de ácidos grasos de las células grasas que luego se almacenan en el hígado o el músculo. Cuando la capacidad secretora del páncreas se ve abrumada por la lucha contra la resistencia a la insulina, se desarrolla la diabetes (diabetes mellitus (DM) tipo 2. La fuerte asociación del aumento de grasa, especialmente la grasa visceral, con la diabetes hace que esta consecuencia sea particularmente siniestra para los costos de atención médica.
  • Presión arterial alta (hipertensión). La liberación de citocinas, particularmente IL-6, de las células grasas puede estimular el estado proinflamatorio que caracteriza a la obesidad. El aumento de la secreción del inhibidor del activador de protrombina 1 de las células grasas puede desempeñar un papel en el estado procoagulante de la obesidad y, junto con los cambios en la función endotelial, puede ser responsable del aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular e hipertensión. Cuando la presión arterial es alta, el corazón debe bombear más fuerte. Si el problema continúa durante un período largo de tiempo, la hipertensión arterial puede dañar el corazón y las arterias. Para los pacientes hipertensos obesos, además de controlar la presión arterial, son corregir las anomalías metabólicas y proteger los riñones de lesiones. Esta sigue siendo un área importante para futuras investigaciones, especialmente en vista de la actual “epidemia” de obesidad en la mayoría de los países industrializados.
  • Nivel alto de colesterol y triglicéridos en la sangre (dislipidemia o alto nivel de grasas en la sangre). Los niveles anormales de lípidos en la sangre, incluidos el colesterol elevado, el bajo nivel de colesterol HDL (“bueno”) y los niveles elevados de triglicéridos, aumentan las probabilidades de tener un infarto de corazón o un accidente cerebro-vascular con la edad.
  • Ataques cardíacos debido a enfermedad cardíaca coronaria, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular.
  • Cálculos biliares y problemas del hígado. Una acumulación de bilis que se endurece en la vesícula y forma cálculos biliares. Pueden ser dolorosos y requerir cirugía. Si la grasa se acumula en el hígado, puede causar inflamación, cicatrices y daño permanente en el hígado originando a un hígado graso.
  • Síndrome de ovario poliquístico. Si bien es normal que las niñas tengan un poco de testosterona (la hormona masculina), las mujeres con síndrome de ovario poliquístico tienen niveles más elevados de testosterona en la sangre. Es posible que además tengan períodos irregulares, demasiado crecimiento de vello y mucho acné.
  • Algunos tipos de cáncer. Para el cáncer, la producción de estrógenos por la masa estromal agrandada juega un papel en el riesgo de cáncer de mama. El aumento de la liberación de citocinas puede influir en otras formas de crecimiento proliferativo. El efecto combinado de estas consecuencias patogénicas del aumento de las reservas de grasa es un mayor riesgo de acortar la esperanza de vida.
  • Depresión. Las personas obesas son más propensas a la depresión y tienen autoestima más baja.
  • Seudotumor cerebral. Esta es una causa muy poco frecuente de fuertes dolores de cabeza en adolescentes y adultos obesos. Se acumula presión en el cerebro, pero no hay ningún tumor. Además de los dolores de cabeza, los síntomas incluyen vómitos, visión doble y otros problemas en la vista.

En otra categoría están las discapacidades sociales que resultan del estigma asociado con la obesidad, la apnea del sueño que resulta en parte de un aumento de los depósitos de grasa parafaríngea y la osteoartritis que resulta del desgaste de las articulaciones por llevar una mayor masa de grasa.

  • Asma. La obesidad aumenta las probabilidades de tener asma. Los problemas para respirar relacionados con el peso pueden hacer que te resulte más difícil seguirles el ritmo a tus amigos, practicar deportes o simplemente ir caminando de una clase a otra.
  • Dejar de respirar durante el sueño (apnea del sueño). Esto puede causar fatiga o somnolencia diurna, poca atención y problemas en el trabajo. Este trastorno (en el que una persona deja de respirar momentáneamente durante el sueño) es un problema grave para muchos niños y adultos con sobrepeso. Las personas que sufren apnea del sueño a veces se sienten cansadas y su capacidad de concentrarse y aprender se ve afectada. También puede provocar problemas en el corazón.
  • Problemas óseos y articulares, el mayor peso ejerce presión sobre los huesos y articulaciones. Esto puede llevar a osteoartritis, una enfermedad que causa rigidez y dolor articular. El desgaste de las articulaciones por el hecho de cargar con más peso puede provocar artritis en la vida adulta. Deslizamiento de la epífisis capital femoral. El deslizamiento de la epífisis capital femoral es un problema doloroso de la cadera que requiere atención inmediata y cirugía para evitar mayores daños en la articulación. En el artículo “Age-related and disease-related muscle loss: the effect of diabetes, obesity, and other diseases” de 2014 publicado por The Lancet, aborda la pérdida de masa muscular (sarcopenia) relacionada con la edad y la enfermedad, con un enfoque en la diabetes y la obesidad, pero incluyendo otras enfermedades y posibles mecanismos y tratamientos comunes. El desarrollo de tratamientos para la pérdida de masa muscular relacionada con la edad y la enfermedad podría mejorar la esperanza de vida activa en las personas mayores y generar ahorros sustanciales en atención médica y una mejor calidad de vida.

Por otro lado, destacaría los problemas que la obesidad puede generar en el funcionamiento del sistema inmune.

La alta cantidad de la grasa corporal incrementa la probabilidad de padecer problemas de salud. Los efectos médicos resultantes de la obesidad son muy diversos y fruto del resultado de dos factores: el aumento de la masa de tejido adiposo y el aumento de la secreción de productos patogénicos de las células grasas agrandadas. Este concepto de patogénesis de la obesidad como enfermedad permite una fácil división de las desventajas de la obesidad en aquellas producidas por la masa de grasa y las producidas por los efectos metabólicos de las células grasas.

Para combatir infecciones, el organismo depende de su capacidad innata para reparar el daño y almacenar energía hasta que se requiera. Los sistemas metabólico e inmune son requerimientos básicos, íntimamente ligados, aunque interdependientes. Muchas hormonas, citocinas, proteínas de señalización, factores de transcripción y lípidos interaccionan tanto en el sistema inmune, como en el metabólico. En este sentido, el soporte metabólico juega un papel muy importante, ya que puede modificar la capacidad inmunitaria del organismo para combatir infecciones en la respuesta inflamatoria. A su vez, la respuesta inflamatoria modifica el metabolismo del organismo, favoreciendo o suprimiendo algunas vías, como es el caso de la vía de señalización de la insulina. La combinación de la respuesta inmune con un balance metabólico adecuado es benéfica para el mantenimiento de un buen estado de salud. Sin embargo, puede convertirse en deletérea bajo condiciones de alteración metabólica, como en la obesidad. Existen evidencias que apoyan la asociación entre el metabolismo y la inmunidad; el mantener un peso saludable conduce a un equilibrio inmunitario; por el contrario, con la desnutrición se favorece la inmunosupresión, mientras que en la obesidad se genera una inflamación crónica.

PREVENCIÓN

Se considera una variedad de perspectivas sobre el sobrepeso (overweight, OW) y la obesidad (OW / obesidad), incluida la medición y clasificación; prevalencia y cambios en la prevalencia en los últimos años; correlatos genéticos, biológicos, médicos, individuales y sociales de OM / obesidad; y enfoques de tratamiento. Una variedad de estudios innovadores, incluida la investigación básica sobre la microflora intestinal, la composición dietética, las intervenciones farmacológicas y los procedimientos quirúrgicos, está generando hallazgos con potencial para la prevención y el tratamiento futuros de la OM / obesidad.

Alimentación sana y equilibrada- Modificaciones en la dieta

A nivel individual, las personas pueden:

  • limitar la ingesta energética de grasas y azúcares totales;
  • aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos; y
  • participar en una actividad física regular (60 minutos al día para los niños y 150 minutos a lo largo de la semana para los adultos).

La responsabilidad individual solo puede tener pleno efecto cuando las personas tienen acceso a un estilo de vida saludable. Por lo tanto, a nivel social es importante apoyar a las personas para que sigan las recomendaciones anteriores, mediante la implementación sostenida de políticas basadas en la evidencia y basadas en la población que hagan que la actividad física regular y las opciones dietéticas más saludables estén disponibles, sean asequibles y fácilmente accesibles para todos, particularmente para los individuos más pobres. Un ejemplo de tal política es un impuesto sobre las bebidas azucaradas.

Existe evidencia sólida de estudios que respaldan que una dieta densa en calorías y alta en grasas y la inactividad física son factores de riesgo independientes para el aumento de peso y la obesidad. Además, la interacción entre la grasa de la dieta y la aptitud física determina el equilibrio de grasa, de modo que el efecto promotor de la obesidad de una dieta alta en grasas se potencia en sujetos susceptibles, particularmente en individuos sedentarios con predisposición genética a la obesidad.

El consumo de dietas bajas en grasas y altas en proteínas y carbohidratos complejos, con bajo índice glucémico, contribuye a la prevención del aumento de peso en sujetos de peso normal. También provoca una pérdida de peso espontánea de 3 a 4 kg en sujetos con sobrepeso y tiene efectos beneficiosos sobre los factores de riesgo de diabetes y ECV. Para prevenir la obesidad y la diabetes, hay motivos para recomendar la combinación de aumentar el nivel de actividad física diaria y reducir el contenido de grasas en la dieta al 20-25% de energía en sujetos sedentarios y al 25-35% en individuos más activos físicamente.

Un estudio realizado en estudiantes de la Universidad de Chile concluyó que:

  • El consumo de vegetales en estudiantes universitarios de pregrado es un factor protector de la obesidad.
  • Los estudiantes de Ciencias de la Salud en las universidades muestran más factores protectores en la obesidad
  • El sexo masculino y el consumo de bebidas azucaradas se consideran factores de riesgo de obesidad.

Se ha estudiado que la disfunción vascular relacionada con la obesidad en niños pequeños es parcialmente reversible con dieta sola o particularmente con dieta combinada con entrenamiento físico a las 6 semanas.

Además, la dieta es un factor importante en la modulación de la estructura de la microbiota intestinal de los mamíferos al proporcionar fuentes de nutrientes específicas e inducir cambios ambientales (pH, ácidos biliares) en el ecosistema intestinal. Se ha demostrado que los patrones dietéticos a largo plazo y las intervenciones a corto plazo inducen cambios en la estructura y función de la microbiota intestinal, y varios estudios revelan cambios metabólicos que probablemente son el resultado de la intercomunicación de la microbiota del huésped, que en última instancia podría influir en la fisiología del huésped. Existen estudios que han revisado los datos existentes sobre los cambios en la microbiota intestinal inducidos por diferentes macronutrientes y los metabolitos resultantes producidos a través de su respectiva fermentación, incluidos sus efectos potenciales sobre la obesidad y los trastornos metabólicos asociados. Existen limitaciones de los estudios de intervención dietética actuales, es necesario aplicar técnicas “ómicas” de vanguardia y progresar en el descubrimiento de genes de la microbiota funcional para establecer relaciones causales sólidas entre los cambios inducidos por la microbiota dietética y la salud o enfermedad metabólica.

En lo que se refiere a promoción en salud, se ha visto en forma generalizada una menor mortalidad, tanto en hombres como en mujeres.

Actividad física

La actividad física previene y mejora el control de enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial y las dislipidemias, y, mediante el control de estas tres condiciones de riesgo cardiovascular, disminuye el riesgo de cardiopatía coronaria. También mejora el perfil lipídico, ya que aumenta el colesterol HDL y disminuye los triglicéridos. La reducción del colesterol LDL está descrita en algunos estudios, pero no en todos. Estos cambios en el perfil lipídico se observan en todas las personas que se someten a un plan de actividad física o que logran mejorar su actividad, independientemente de los cambios de peso. El ejercicio mejora la función cardiovascular, ya que aumenta la eficiencia en la utilización del O2, reduce la frecuencia cardíaca en reposo y mejora la respuesta al ejercicio submáximo; por lo tanto, mejora la tolerancia al estrés que implica un ejercicio dado.

El riesgo de cáncer de colon es 3 a 4 veces mayor en las personas sedentarias, en comparación con las que son físicamente activas, al igual que el riesgo de cáncer de mama, que es 2,5 veces más alto.

La actividad física mejora el bienestar psicológico. Hay muchos estudios con pruebas psicométricas que demuestran que las personas que realizan mayor actividad física tienen mejor respuesta psicosocial y fisiológica al estrés, mejor autoestima, autoimagen y autoaceptación, mejor inserción social y mejores perspectivas. Además, el ejercicio ayuda a controlar la ansiedad, irritabilidad, fatigabilidad y disminución de ánimo asociados con la dieta.

Por último, el ejercicio se ha asociado con un hábito alimentario más saludable y da una sensación de mejor control personal. No se sabe si las personas lo hacen porque el medio las presiona u orienta para adquirir una conducta más saludable, o si se producen cambios fisiológicos que alteran la conducta alimentaria. Probablemente, son ambas condiciones.

Las personas que tienen un alto nivel de actividad física tienen una mortalidad 60% menor que las que son sedentarias y que por tanto tienen baja actividad física, lo mismo en hombres que en mujeres. Esto se demostró en un estudio que abarcó 20 años, aproximadamente, y que fue ajustado por factores de confusión, en el cual se encontró que la actividad física disminuía la mortalidad, independientemente del cambio de peso y de otras variables que afectan este índice. En este estudio se concluyó la inactividad superó al tabaquismo, la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia y la diabetes tipo 2. En los pacientes obesos, los factores de riesgo relativo son muy altos en comparación con los que no tienen ninguna de estas condiciones.

Técnicas de atención plena

En el siguiente artículo se abordó el uso de alimentos para modificar estados de ánimo negativos, también llamado alimentación emocional, y la ingesta de alimentos como adicción. Algunas personas son propensas a la alimentación emocional y / o la adicción a la comida, mientras que otras son claramente menos vulnerables a este respecto. Sugerimos más investigación en estos puntos, la prevención y el tratamiento de la obesidad para abordar las bases emocionales de la actual epidemia de sobrealimentación. Hay estudios que analizan el impacto psicológico de la obesidad severa específicamente en las áreas del estado de ánimo, trastornos alimentarios, trastornos del sueño, dolor crónico y calidad de vida. Además, se discuten las opciones de tratamiento de la obesidad de modificación del estilo de vida y cirugía bariátrica que incluyen evaluación psicológica y / o intervención cognitivo-conductual. Otros estudios aportan información sobre la relación entre las emociones y los hábitos alimentarios en la obesidad, aportando una visión general novedosa y necesaria de las asociaciones entre la obesidad grave, las emociones y los hábitos alimentarios.

Incluso si vamos más allá, un estudio reciente demuestra que las personas con obesidad están relacionadas con grandes aumentos significativos en la morbilidad y la mortalidad por COVID-19. Son muchos los mecanismos que explican conjuntamente este impacto. Una preocupación importante es que las vacunas serán menos efectivas para las personas con obesidad.

En el caso de los niños y adolescentes, el tema resulta preocupante. La prevalencia de la obesidad infantil ha aumentado sustancialmente en la última década como resultado de la reducción de la actividad física y la disponibilidad de alimentos ricos en grasas y de alta densidad energética a los que se enfrenta diariamente la población pediátrica. Aunque los niños están muy expuestos a estos alimentos, existe una amplia variación en el peso corporal, lo que sugiere la presencia de diferentes patrones de respuesta a un entorno “obesogénico”. Esta amplia variabilidad desde el punto de vista de la conducta alimentaria implica una serie de problemas sociales (p. Ej., Disponibilidad de alimentos, costo) así como rasgos conductuales genuinos como la respuesta a la saciedad, la compensación de energía, la tasa de alimentación, la sensibilidad alimentos, recompensas alimentarias y preferencias dietéticas. Hay estudios que revisan las principales variables fisiológicas relacionadas con la ingesta energética que afectan la conducta alimentaria en la población pediátrica.

Históricamente, el arsenal contra la obesidad se ha centrado principalmente en intervenciones que aumentan la actividad física y disminuyen la ingesta calórica. Es más, aunque las estrategias estadounidenses de pérdida de peso, que incorporan modificaciones dietéticas y ejercicio han demostrado ser efectivas para lograr la pérdida de peso, pero la mayor parte del peso se recupera con el tiempo. Las intervenciones basadas en la atención plena (mindfulness), combinadas con otras estrategias tradicionales de pérdida de peso, tienen el potencial de ofrecer un enfoque holístico a largo plazo para el bienestarEl problema es que los informes de investigación que examinan la adición complementaria de enfoques basados en la atención plena en el tratamiento de la obesidad y los trastornos alimentarios, son relativamente escasos en la literatura empírica.

En la publicación de Judy Godsey “The role of mindfulness based interventions in the treatment of obesity and eating disorders: An integrative review“de 2013 se describe lo que se sabe actualmente sobre el papel de las intervenciones basadas en la atención plena cuando se utilizan solas o en combinación con otros enfoques tradicionales en el tratamiento de la obesidad y los trastornos alimentarios.

Las intervenciones basadas en la atención plena (MBI) dirigidas a las conductas alimentarias han ganado popularidad en los últimos años. Un artículo recoge una revisión de la literatura para determinar la efectividad de las MBI para tratar las conductas alimentarias relacionadas con la obesidad, como los atracones, la ingesta emocional y la alimentación externa. En terapias combinadas de atención plena y cognitivo-conductual, reducción del estrés basada en la atención plena, terapias basadas en la aceptación, programas de alimentación consciente y combinaciones de ejercicios de atención plena. El 86% de los estudios revisados informaron mejoras en los comportamientos alimentarios específicos. Los resultados de esta primera revisión sobre el tema apoyan la eficacia de las MBIL para cambiar las conductas alimentarias relacionadas con la obesidad, específicamente los atracones, la alimentación emocional y la alimentación externa.

En lo que se refiere a tratamiento no farmacológico, la reducción de peso es fundamental para el control de comorbilidades, seguido del ejercicio físico.

POLÍTICAS SOCIALES, ECONÓMICAS Y CULTURALES

Existen numerosas formas en que un individuo y una sociedad pueden mitigar la pandemia. Sin embargo, la fuerza de voluntad individual, la voluntad de la sociedad de realizar cambios y la voluntad del público de aceptar la intervención externa frustran los esfuerzos por estabilizar o revertir esta crisis. Las estrategias más prometedoras son la educación y los esfuerzos de las personas para tomar decisiones responsables varias veces al día para proteger, de la manera más eficaz mediante la prevención, su activo más valioso.

Los cambios en el sistema social, como los programas escolares y la conciencia de los roles de las experiencias personales, familiares, del proveedor de salud y culturales relacionados con la obesidad y la obesidad, también han ganado fuerza para los esfuerzos vitales de prevención y tratamiento durante la última década.

Existe un compromiso político cada vez mayor para abordar las cargas evitables de las dietas poco saludables, el sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, para diseñar políticas efectivas, es importante comprender por qué las personas toman decisiones dietéticas poco saludables. La investigación de la economía del comportamiento sugiere un papel fundamental para la falta descuento del tiempo, que describe cómo el valor de las personas de una recompensa, como una mejor salud, disminuye con el retraso en su recepción.

Para lograr el objetivo de la OMS de detener el aumento de la obesidad y la diabetes, se necesitan acciones drásticas para mejorar la salubridad de los entornos alimentarios. Los argumentos a menudo se reducen a un debate entre responsabilidades individuales y colectivas, y entre duras intervenciones regulatorias o fiscales y enfoques blandos voluntarios basados en la educación.

La industria alimentaria puede desempeñar un papel importante en la promoción de dietas saludables al:

  • reducir el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos procesados;
  • asegurar que las opciones saludables y nutritivas estén disponibles y sean asequibles para todos los consumidores;
  • restringir la comercialización de alimentos con alto contenido de azúcares, sal y grasas, especialmente aquellos destinados a niños y adolescentes; y
  • garantizar la disponibilidad de opciones de alimentos saludables y apoyar la práctica regular de actividad física en el lugar de trabajo.

En vista de la oposición de la industria y la renuencia del gobierno a regular para entornos alimentarios más saludables, los enfoques cuasirreguladores podrían lograr avances.

La prevención de la obesidad requiere políticas que funcionen. El enfoque se basa en la evidencia de una variedad de disciplinas (psicología, economía y nutrición de salud pública) para desarrollar una teoría del cambio para comprender cómo funcionan las políticas alimentarias. Uno de los determinantes clave de la obesidad: la dieta. Este estudio sugiere que la interacción entre las preferencias alimentarias de los seres humanos y el entorno en el que se aprenden, expresan y reevalúan esas preferencias tiene un papel central. Se identificaron cuatro mecanismos a través de los cuales las políticas alimentarias pueden afectar la dieta: proporcionar un entorno propicio para el aprendizaje de preferencias saludables, superar las barreras para la expresión de preferencias saludables, alentar a las personas a reevaluar las preferencias no saludables existentes en el punto de compra y estimular un alimento. -Respuesta de los sistemas. Exploramos cómo las acciones en tres áreas de políticas específicas (entornos escolares, instrumentos económicos y etiquetado nutricional) funcionan a través de estos mecanismos y extraemos implicaciones para un diseño de políticas más efectivo. Encontramos que las acciones efectivas de política alimentaria son aquellas que conducen a cambios positivos en los entornos alimentarios, sociales y de información y los sistemas que los sustentan. Las acciones efectivas de política alimentaria se adaptan a las preferencias, las características conductuales, socioeconómicas y demográficas de las personas a las que buscan apoyar, están diseñadas para funcionar a través de los mecanismos a través de los cuales tienen mayor efecto y se implementan como parte de una combinación de actividades mutuas acciones de refuerzo.

En el futuro, las prioridades deben incluir acciones políticas integrales que creen un entorno propicio para que los bebés y niños aprendan las preferencias alimentarias saludables y acciones específicas que permitan a las poblaciones desfavorecidas superar las barreras para satisfacer las preferencias saludables. Las evaluaciones de políticas deben diseñarse cuidadosamente sobre la base de una teoría del cambio, utilizando indicadores de progreso a lo largo de las diversas vías hacia el objetivo a largo plazo de reducir las tasas de obesidad.

Respuesta de la OMS

Adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud en 2004 y reconocida nuevamente en una declaración política de 2011 sobre las enfermedades no transmisibles (ENT), la ” Estrategia mundial de la OMS sobre dieta, actividad física y salud ” describe las acciones necesarias para apoyar una dieta saludable y la actividad física regular. La Estrategia insta a todas las partes interesadas a tomar medidas a nivel mundial, regional y local para mejorar las dietas y los patrones de actividad física a nivel de la población.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible reconoce a las ENT como un desafío importante para el desarrollo sostenible. Como parte de la Agenda, los Jefes de Estado y de Gobierno se comprometieron a desarrollar respuestas nacionales ambiciosas, para 2030, para reducir en un tercio la mortalidad prematura por ENT mediante la prevención y el tratamiento (meta 3.4 de los ODS).

El ” Plan de acción mundial sobre actividad física 2018-2030: personas más activas para un mundo más saludable” proporciona acciones políticas efectivas y viables para aumentar la actividad física a nivel mundial. La OMS publicó ACTIVE un paquete técnico para ayudar a los países a planificar y entregar sus respuestas. En 2019 se lanzaron nuevas directrices de la OMS sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño en niños menores de cinco años.

La Asamblea Mundial de la Salud acogió con satisfacción el informe de la Comisión para poner fin a la obesidad infantil (2016) y sus 6 recomendaciones para abordar el entorno obesogénico y los períodos críticos en el curso de la vida para abordar la obesidad infantil. La Asamblea Mundial de la Salud acogió con satisfacción el plan de implementación para orientar a los países en la adopción de medidas para implementar las recomendaciones de la Comisión en 2017.

¡Que tengáis un feliz día y os ecomiméis mucho!

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Recomendación:

“Adherence to the Mediterranean food pattern predicts the prevalence of hypertension, hypercholesterolemia, diabetes and obesity, among healthy adults; the accuracy of the MedDietScore” Demosthenes; B.Panagiotakos, ChristosPitsavos, FotiniArvaniti, ChristodoulosStefanadis, de la Revista Preventive Medicine: Volume 44, Issue 4, April 2007, Pages 335-340

https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0091743506005585

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