PRIMAVERA Y BAILE DE HORMONAS – TIPS Y CONSEJOS NUTRICIONALES CONTRA LA ASTENIA PRIMAVERAL

La primavera es una época del año realmente especial. Una estación que representa el despertar de las fuerzas naturales latentes durante el periodo invernal. Se produce un aumento del dinamismo vital, se acrecienta la actividad corporal y las emociones se hacen más intensas. Es un florecimiento interior tras el recogimiento del invierno

Nuestro organismo se adapta sin demasiados problemas a las nuevas condiciones climáticas que supone este cambio de estación. Sin embargo, muchas veces necesitamos ayudar a nuestro cuerpo a adaptarse poco a poco para que el cambio sea saludable.

SÍNTOMAS DE LA ASTENIA PRIMAVERAL

Al llegar la primavera es frecuente que muchas personas, aproximadamente una de cada cuatro, se sientan invadidas por un cansancio inesperado, una especie de indolencia que les hace desear el reposo físico o mental. Hay una extraña apatía y muchos se sienten sin ganas de hacer nada. Algunos llegan a sentirse incluso deprimidos psicológicamente.

Se trata simplemente de un cambio en el ritmo vital. Existe una sensación de cansancio general que se acentúa especialmente en la región cervical, los hombros, la espalda o la cabeza. Incluso, como comenté en el directo con @laura.gomez.lopez, pueden aparecer insomnio o un sueño poco reparador.

Mientras en el exterior asciende la savia de los árboles, en nuestro interior también la sangre se ve impulsada con más fuerza. Ahora bien, del mismo modo que al despertarnos por la mañana podemos hacerlo tranquilos y frescos tras el descanso nocturno, o bien cansados y trastornados por un sueño inquieto, lo mismo sucede con el despertar primaveral: puede tener el signo positivo de la renovación o, por el contrario, acompañarse de fatiga y pesimismo.

La primavera es la época en que se agravan los estados depresivos y aumenta el número de suicidios. Además, personas con pequeños trastornos físicos o mentales puedan ver agudizados algunos de los procesos que estuvieron adormecidos durante el invierno.

Los datos indican que, en los países donde la temperatura cambia de forma acentuada, en primavera se eleva el coeficiente de enfermedades y de mortalidad.

POR QUÉ NOS CANSAMOS MÁS EN PRIMAVERA

En primavera, más que en las otras estaciones, son frecuentes las denominadas “crisis” y muchas personas con enfermedades crónicas sufren un recrudecimiento de los síntomas.

EL CUERPO SE DESINTOXICA

Para entender mejor estos hechos es conveniente recordar que el invierno propicia el recogimiento, pero también que el organismo se autointoxique, por así decirlo. Esto se debe a que, durante la estación fría, el cuerpo soporta condiciones de vida bastante adversas: poca actividad muscular, vida sedentaria en locales cerrados, falta de sol y aire puro, tendencia a la sobrealimentación, al uso excesivo de alimentos acidógenos (grasas, conservas, pastelería…) y a un menor consumo de frutas frescas y ensaladas, lo que puede comportar deficiencias en vitaminas y oligoelementos minerales.

En estas condiciones, el organismo está recargado de toxinas y bajo de defensas, circunstancias muy favorables a la enfermedad. Necesitamos ayudar a nuestro hígado y a nuestro riñón a eliminar las toxinas acumuladas. Por ello, a ciertas personas les sorprende la llegada de la primavera con brotes de problemas dermatológicos, alergias o dolores en las articulaciones.

Todo esto sucede debido a los estímulos meteorológicos de la estación (luz, calor, electricidad, magnetismo), se produce un aumento del tono vital que facilita la eliminación de las impurezas acumuladas. Esta expulsión es un esfuerzo de la naturaleza por depurar el organismo, un tanto alterado por las transgresiones cometidas durante el invierno.

Al llegar la primavera la sangre busca deshacerse de las toxinas acumuladas. Aumentan, por ejemplo, las tasas sanguíneas de urea y colesterol, y los glóbulos blancos inician una gran ofensiva contra los microorganismos patógenos. Estas reacciones son beneficiosas, pero algunas personas soportan mal este esfuerzo reactivo y quedan fatigadas.

BAILE DE HORMONAS

Durante el invierno, debido a la disminución de la luz solar, se produce un descenso de la liberación de serotonina, un neurotransmisor que se relaciona con el buen humor, y al mismo tiempo un aumento de la melatonina, que favorece el sueño.

Con la llegada de la primavera y el aumento de la luminosidad ambiental al alargarse el día, el proceso se invierte: aumenta la serotonina y disminuye la melatonina. Esto puede provocar un cierto periodo de adaptación que incluye la sensación de cansancio.

TIPS Y CONSEJOS NUTRICIONALES CONTRA LA ASTENIA PRIMAVERAL

El primer cambio es la buena adaptación a la luz solar por lo que es conveniente salir y exponerse un rato al sol, dar un paseo y sentir los rayos en nuestra piel. Es una fuente de vitamina D directa y necesaria tras el largo invierno. Esta vitamina D es beneficiosa para la salud inmunológica, cerebral y del sistema nervioso entre otras cosas por lo que tenemos que reponernos con esos rayos del sol.

Asegurarse una adecuada hidratación, bebiendo alrededor de un litro y medio o dos litros de agua al día, ayudará a drenar y desintoxicar el organismo.

Cenar más pronto y ligero con verduras escaldadas, al vapor o al horno, es primordial para cuidarnos y tener un sueño reparador y permitir que nuestro organismo se desintoxique durante la noche.

La alimentación durante el invierno suele ser más copiosa y calórica, y este es uno de los factores que propician la astenia primaveral. Para compensar ese exceso conviene seguir una alimentación más fresca y ligera.

Es bueno aumentar el consumo de verduras de temporada ricas en vitaminas y minerales que refuerzan nuestro sistema inmune y nos ayudan a desintoxicar el organismo.

Se recomienda el consumo de alimentos antioxidantes para recuperar los efectos de oxidación invernal y por eso en primavera la fruta es muy rica en estos compuestos y en vitamina C: fresas, frambuesas, moras, grosellas y arándanos.

Es el momento de fomentar el consumo de los vegetales en forma de ensaladas crudas, verduras cocidas y abundante fruta.

Es el momento perfecto para aprovechar el poder remineralizante de las algas que ayudan a depurar y alcalinizar el organismo, a la vez que aseguran un adecuado contenido de vitaminas y minerales.

Los cereales y legumbres también deben formar parte de la dieta habitual. Por el contrario, debemos disminuir las grasas saturadas de origen animal, el azúcar y la bollería industrial. Es decir, fuera los ultraprocesados.

Es preferible también tomar un desayuno abundante y que sea variado, hacer varias comidas menos copiosas durante la jornada y cenar unas dos horas antes de acostarse.

En definitiva, es un momento de ecomimarse mucho y reforzar nuestra salud para llegar al verano frescos, nutridos y felices.

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