UN ÓRGANO MÁS, MICROBIOTA

Si, no me he vuelto majara, la microbiota es un “órgano” esencial de nuestro organismo. Realmente se trata del conjunto de la flora bacteriana que habitan en nuestro intestino.

Lo interesante es que podemos cuidarla para gozar de una microbiota saludable. Ya lo irás viendo conforme avanza el artículo.

Seguro que has escuchado hablar de la microbiota y de su importancia en nuestro organismo. Seguro que en más de una ocasión te han comentado lo buenos que son los probióticos y lo importante que es tener una flora intestinal saludable si no es así sigue leyendo que seguro que te va a sorprender.

¿Qué es la microbiota?

La microbiota es el conjunto de bacterias que colonizan la piel, el aparato digestivo, incluida la boca, y el aparato genital. Estas bacterias colonizan nuestro organismo desde el vientre materno, pero fundamentalmente desde el momento del nacimiento.

Técnicamente es “el conjunto de los microorganismos (todas las bacterias, arqueas -procariotas unicelulares, eucariotas y virus) presentes en un entorno definido”.

Como la microbiota varía según su entorno, en este artículo nos centraremos en la MICROBIOTA INTESTINAL.

Existen otras microbiotas en la nariz, la boca, la garganta, los pulmones, al aparato genital y la piel.

La relación de la microbiota y nuestro organismo es simbiótica, es decir, ambos se ayudan: mientras que las bacterias realizan una función protectora frente a enfermedades y agentes patógenos y de ayuda en la metabolización de los alimentos ingeridos, el organismo les ofrece un lugar donde vivir. La microbiota intestinal está compuesta de trillones de microorganismos, unos 100 billones de bacterias en el aparato digestivo. Aunque se ha estimado que al menos 10.000 especies distintas cohabitan en los intestinos humanos, algunos expertos afirman que esta cifra puede superar las 35.000.

En conjunto, las bacterias contenidas en tus intestinos pesarían entre 1,3 y 1,8 kilogramos, más o menos lo mismo que tu cerebro. Las bacterias son, con gran diferencia, las que más colaboran con tu fisiología, sobre todo con tus funciones neurológicas

De hecho, la microbiota ya es considerada por la ciencia como un órgano más del cuerpo, aunque en este caso adquirido.

La microbiota intestinal de un individuo de 70 kg, por ejemplo, se compone de más de 100 billones de microorganismos y pesa alrededor de 200 g (como un mango mediano). Hay de 150 a 200 veces más genes en la microbiota de un individuo que en el conjunto de sus células.

La microbiota es diferente en cada individuo. Existe una parte que es común en todos los seres humanos sanos (la mayoría de nosotros compartiríamos un tercio de nuestra microbiota) pero el resto la composición de cada microbiota intestinal es única y específica como nuestras huellas digitales. Es equivalente a un documento de identidad personal.

¿Cómo evoluciona la microbiota intestinal?

La microbiota se va desarrollando a medida que avanza la vida, de forma que su composición es diferente en la infancia y adolescencia que en la vida adulta.

Nuestra microbiota intestinal evoluciona a lo largo de toda nuestra vida, de la niñez a la vejez. Mientras que la microbiota intestinal varía considerablemente en los recién nacidos, al envejecer tendrá tendencia a mantenerse relativamente estable. Se caracterizará por una diversidad menor y la pérdida de genes importantes (especialmente aquellos implicados en la producción de ácidos grasos de cadena corta). Este debilitamiento general de la diversidad de la microbiota intestinal es concomitante con una mayor fragilidad de las personas.

¿Por qué es importante cuidar la microbiota intestinal?

Probablemente habrá escuchado más de una vez que una composición alterada de la microbiota intestinal va acompañada de una amplia gama de enfermedades intestinales y extraintestinales.

Si bien una microbiota intestinal rica y diversa suele estar vinculada a una buena salud intestinal y al bienestar general, las alteraciones en el equilibrio de esta comunidad de microorganismos también se han relacionado con casi todas las enfermedades humanas.

Las bacterias buenas que viven en un tracto digestivo saludable no son invasoras que disfrutan de la comida y de la vivienda gratis.

Como un bosque compuesto de una gran variedad de árboles o una biblioteca con una amplia oferta de libros, una microbiota intestinal diversa implica tener diferentes tipos de microorganismos beneficiosos. Al igual que una biblioteca con un solo género literario resulta menos entretenida, cuanto más diversificado sea el gran abanico de microorganismos alojados en nuestro intestino, ¡mejor!

Por eso necesitamos que nuestra microbiota tenga:

  • Gran riqueza y/o diversidad de especies beneficiosas.
  • Resistencia, resiliencia, y estabilidad en el tiempo: la capacidad para resistir a las perturbaciones (dietas desequilibradas, etc.) y para recobrar la estabilidad.
  • Una gran riqueza de genes microbianos intestinales: el número de genes microbianos en el intestino sería un indicador de buena salud general y metabólica.

Nuestra población bacteriana es esencial para funciones tan diversas como la correcta digestión de los alimentos, el mantenimiento de la mucosa intestinal y la activación de la respuesta inmunitaria innata.

Mantener una microbiota intestinal saludable es como cuidar el césped de nuestro jardín

Como sucede con la hierba de nuestro jardín, dejar que la microbiota intestinal se recupere espontáneamente tras sufrir algún desequilibrio no es necesariamente la mejor opción.

Cuando se produce una alteración de la microbiota y existe un desequilibrio entre las distintas cepas bacterianas, el organismo se ve afectado. Esta alteración se denomina “Disbiosis”. En la actualidad se sabe que:

  • Existe un mayor riesgo de que se produzcan infecciones y se desarrollen enfermedades autoinmunes,
  • Obesidad,
  • Diabetes,
  • Alergias,
  • Algunos cánceres digestivos,
  • Fibromialgia,
  • Parkinson,
  • Enfermedades neurodegenerativas etc.

Funciones de la microbiota intestinal

La defensa:

  • Nos defiende contra los microorganismos nocivos, bacterias patógenas que pueden provocar enfermedades. Es una barrera contra sustancias carcinógenas, metales tóxicos, químicos nocivos presentes en el ambiente y partículas de polvo y suciedad.
  • Enseña al sistema inmunitario a distinguir entre amigos y enemigos. Hasta el 70% del sistema inmunológico depende de la microbiota.
  • Degrada las toxinas. La flora intestinal neutraliza buena parte de las toxinas presentes en los alimentos, podría ser considerada un segundo hígado.

La nutrición:

  • Regulación del metabolismo y balance energético. Produce, libera y regula la secreción de enzimas, neurotransmisores intestinales, insulina y péptidos fundamentales para procesos biológicos vitales. 
  • Permite la digestión de ciertos componentes de los alimentos (como las fibras alimentarias) que el organismo no podría digerir y metabolizar. Recientes hallazgos científicos señalan que la flora intestinal que habita en los delicados pliegues de tus muros intestinales: Interviene en la digestión y en la absorción de los nutrientes.
  • Mantenimiento de la mucosa intestinal. Cuando la microbiota intestinal descompone las fibras alimentarias, produce moléculas importantes (ácidos grasos de cadena corta, por ejemplo) cuyos beneficios van más allá del intestino.
  • Facilita la absorción de minerales (magnesio, calcio y hierro).
  • Sintetiza ciertas vitaminas esenciales (vitamina K y folato [B9]) y aminoácidos (es decir, los alimentos que componen las proteínas).
  • Ayuda a controlar las respuestas inflamatorias del cuerpo, las cuales, a su vez, intervienen en el riesgo de desarrollar prácticamente cualquier tipo de enfermedad crónica.

El comportamiento:

  • Puede influir en el estado de ánimo y el comportamiento. Te ayuda a controlar el estrés gracias al efecto que la flora tiene en tu sistema endocrino (es decir, en el sistema hormonal). Favorece un buen descanso por la noche.

Alteraciones de la microbiota

Ciertos factores externos pueden tener un impacto en nuestra microbiota intestinal. Si bien algunos son difíciles de controlar (modo de nacimiento, geografía, edad, genética, etc.), podemos adaptar otros como nuestra dieta y nuestro modo de vida y así mejorar el funcionamiento de nuestra microbiota intestinal. Otro factor importante es la ingestión de antibióticos u otros fármacos.

Los factores que afectan a nuestra microbiota son:

  • Incorrecta alimentación
  • Sedentarismo
  • Estrés
  • Contaminación ambiental
  • Exceso y mal uso de antibióticos,

Cómo podemos cuidar nuestra microbiota

Aquí es dónde podemos incidir y poner atención cuidándonos. Estos factores mencionados se pueden contrarrestar con una alimentación sana y equilibrada, realización de ejercicio de manera regular, una adecuada higiene del sueño, evitando la auto y sobremedicación y realizando actividades que permitan minimizar los efectos del estrés.

Los factores sobre los que podemos actuar:

  • El modo de alimentación, nuestra dieta. La calidad de la dieta (es decir, la diversidad de componentes de los alimentos) es más relevante que la cantidad en sí para cuidar de nuestra microbiota intestinal, incluso en personas mayores.
  • Los hábitos alimentarios y las maneras de cocinar. Los probióticos, prebióticos, simbióticos y postbióticos: ayudan a sembrar el intestino con microbios beneficiosos específicos, actúan como un fertilizante para nuestros microbios intestinales y fomentan el crecimiento de las bacterias intestinales beneficiosas. Además, existen diferencias entre consumir alimentos cocidos o crudos y su efecto en la composición de la microbiota intestinal humana.
  • El aumento de peso. Produce alteraciones en nuestra microbiota y la desestabiliza. Cada vez hay más estudios que indican que su desequilibrio puede afectar al metabolismo de las grasas.
  • Nuestro modo de vida. El ejercicio físico aumenta la diversidad de las bacterias beneficiosas que se encuentran de forma natural en él.
  • Nuestro entorno (medio rural frente a urbano, trabajo…). En concreto al estrés. Bajo condiciones de estrés crónico, nuestro cerebro ordena al sistema endocrino, la secreción de cortisol, que afecta a la musculatura intestinal, responsable de la motilidad.
  • Los fármacos (antibióticos, antiácidos, antidiabéticos…).

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